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¿Sirve para algo la inversión de las empresas en el bienestar de sus empleados?

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La industria del bienestar es ya un mercado de 4,2 billones de dólares. Y no hablamos de la facturación de psicólogos ni médicos, sino de empresas que venden suplementos vitamínicos, zumos detox o programas dietéticos, cuya utilidad médica no está ni mucho menos demostrada.

Esta tendencia también ha llegado a las empresas. Grandes compañías como Goldman Sachs, Microsoft, Intuit o SAP tienen ya programas de bienestar, que ofrecen a los empleados productos y servicios que van de lo útil (gimnasio gratuito o asesorías nutricionales) a lo pseudocientífico (tratamientos detox, lecturas de cristales o retiros espirituales).

Según explican en un artículo del blog de la escuela de negocios INSEAD los profesores Manfred FR Kets de Vries y Katharina Balazs, las compañías invierten ya cerca de 50.000 millones al año para crear experiencias de bienestar para sus empleados. Pero ¿sirven para algo?

Los profesores no entran a valor la utilidad de tendencias como el ‘mindfulness’, pero se preguntan si tiene sentido ofrecer talleres de meditación mientras se sigue promoviendo una cultural laboral en la que el estrés es la norma.

“Tiene sentido perseguir el bienestar y un estilo de vida ‘más saludable’, ya sea en casa o en el trabajo”, aseguran los profesores. “Sin embargo, el verdadero bienestar debe ser visto como un estado de ánimo. No debemos sentirnos obligados a perseguirlo en forma de curas mágicas externas y muchas veces infundadas”.

Las empresas tienen un papel decisivo en el bienestar de sus empleados, pero este no se construye ni con gimnasios ni con fruta gratis, sino con una cultura empresarial saludable. Y solo hay una forma de lograr esto.

La confianza, clave de un trabajo saludable

En opinión de los profesores, un lugar de trabajo saludable es aquel que los empleados recomendarían a sus amigos y familiares. Un lugar en el que la gente está a gusto trabajando. Y desafortunadamente, aseguran, muy pocas compañías cumplen este requisito.

“Las organizaciones que realmente permiten el bienestar tienen estructuras planas y orgánicas que facilitan el intercambio de información, ideas y sentimientos entre personas del mismo nivel”, explican los profesores. “La comunicación también fluye libremente entre los directivos y los subordinados, de modo que estos últimos se sienten escuchados y capacitados. Además, tales lugares de trabajo proporcionan un verdadero entorno de aprendizaje: la gestión del conocimiento no es un eslogan vacío. Los arreglos de trabajo flexibles son una realidad, dando a las personas un mayor control de sus vidas personales y profesionales”.

En definitiva, si realmente una empresa quiere promover el bienestar de los empleados solo tiene que trabajar en un aspecto: promoviendo un clima de confianza. Y esto implica que los empleados se traten con respeto y se comporten con integridad. Implica que los jefes no tengan que pedir a sus subordinados justificantes por ir al médico, porque saben que estos no van a mentirles, ni pidan explicaciones porque uno de sus empleados llega un día tarde, pues saben que si esto ocurre es por un buen motivo.

Los programas de bienestar no son completamente inútiles, reconocen los profesores, pero no sirven de nada si se utilizan para maquillar una cultura empresarial por lo demás tóxica.

Fuente: la información

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