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Si el ejercicio es bueno, ¿por qué los empleados que se mueven mueren antes?

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De un tiempo a esta parte se culpa al sedentarismo de todos nuestros males. Si estamos gordos es, principalmente, porque nos movemos poco, y esto trae múltiples consecuencias en forma de riesgo cardiovascular o diabetes. Esto se debe en parte a que nuestros trabajos requieren cada vez menos actividad, pero ¿es acaso más peligroso para nuestra salud trabajar en una oficina que hacerlo en el campo en la obra?

Cierto es que la inactividad física es un gran factor de riesgo, bien estudiado, pero según una nueva revisión publicada en el British Journal of Sports Medicine, los hombres que tiene trabajos físicamente activos tienen un 18 % más de posibilidades de morir prematuramente.

El estudio contradice otras investigaciones realizadas con anterioridad, como el clásico trabajo que el epidemiólogo Jerry Morris realizó en 1953 comparando la salud de los conductores de autobuses normales y aquellos que llevaban los de dos plantas, lo que es obligaba a subir y bajar escaleras. Los segundos tenían menos casos de enfermedad coronaria y, cuando la tenían, la desarrollaban de media a una edad más avanzada en comparación con los primeros.

Pero, como apunta en The Conversation el profesor Mark Hamer, de la Loughborough University hay un factor que este, y otros estudios, no han tenido en cuenta: las personas con trabajos físicamente activos (trabajos manuales) probablemente provienen de clases socioeconómicas más bajas, mientras que las personas en trabajos en gran parte sedentarios provienen de estratos sociales más elevados.

Ser pobre sí que es malo para la salud

¿Tiene la clase social un mayor impacto en la salud que hacer o no ejercicio? Probablemente, explica Hamer: “Por ejemplo, se ha demostrado que los estilos de vida poco saludables, incluidas las dietas deficientes, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y una menor ‘actividad física durante el tiempo de ocio’ dependen en gran medida del gradiente social en salud. Las clases socioeconómicas más bajas también tienden a tener menos control sobre su trabajo, lo que, junto con las altas demandas, puede dar lugar a una mayor tensión laboral, que es un potente factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares”.

Algunos de los 17 estudios incluidos en la nueva revisión incluyen variables como la dieta, el consumo de alcohol o la actividad física en tiempo de ocio, pero se trata de aspectos que suelen autoreportarse, y la investigación indica también que las clases socioeconómicas bajas tienden a dar respuestas menos precisas en este tipo de encuestas.

Fuente: La Información

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