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Motivos de peso para combatir la obesidad

Hace unos días leímos un artículo titulado El sobrepeso y la obesidad pueden aumentar el riesgo de sufrir ocho cánceres más. Si el encabezamiento resulta inquietante, su contenido no aplacó mis sospechas.

Científicos de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), afirman que el sobrepeso y la obesidad pueden aumentar el riesgo de desarrollar ocho tipos de cáncer más de los ya confirmados en el 2002, éstos son cáncer de colon y recto, esófago, riñón, mama en la menopausia y endometrio. Ahora los expertos han encontrado “suficiente evidencia” de que el exceso de grasa aumenta el riesgo de sufrir cáncer de cardias gástrico, hígado, vesícula, páncreas, ovario y tiroides, así como meningioma y mieloma múltiple.

Se estima que en 2003 hubo 4,5 millones de muertes en el mundo atribuidas al sobrepeso y a la obesidad. Pero estas nuevas conclusiones pueden hacer incrementar el número, según la agencia.

Sin intención de espantar al lector y mucho menos provocar su huida, mi propósito hoy es acercarme al tema en positivo.

“La obesidad es una enfermedad crónica, tratable y sobretodo prevenible. He aquí la cuestión.”

Cuando hablamos de obesidad o sobrepeso nos referimos a una acumulación  anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Existen unos indicadores que identifican estas enfermedades:

El índice de masa corporal (IMC): divide el peso entre la altura al cuadrado (kg/m2). En adultos se considera sobrepeso si es igual o superior a 25, y obesidad si es igual o superior a 30.

La medida del perímetro abdominal, considerando que una persona es obesa si este es igual o superior a 102 cm en varones y 88 cm en mujeres.

Pero lo fundamental del asunto es que su principal causa es la ingesta excesiva, dicho de otra manera, cuando el consumo de calorías es superior a las que el cuerpo necesita, unido al sedentarismo.

¿Cuál es el punto de partida de la obesidad?

Desde 1998 la OMS considera la obesidad como una epidemia global que constituye  un importante problema de salud pública.

Los cambios ambientales y de los estilos de vida favorecen que exista una mayor facilidad y disponibilidad de alimentos de todo tipo durante todo el año. La oferta es variada y tentadora. Vivimos deprisa, cocinamos (o no) deprisa, comemos deprisa y dedicamos muy poco tiempo a la actividad física y especialmente dedicamos un tiempo escaso a preocuparnos por nuestra salud.

Comida rápida, “calentar y listo”, alimentos procesados con sabores más atractivos pero menos nutritivos, productos elaborados con grasas hidrogenadas que aumentan su untuosidad y engañan a nuestro paladar…

Y nuestro patrón es copiado por los más pequeños…  La obesidad está afectando especialmente a niños y adolescentes, evidenciando tasas de prevalencia superiores a las de los adultos.

La obesidad en la etapa infantil predispone a un mayor riesgo de ser adultos obesos y además puede repercutir en términos de morbilidad y mortalidad en la edad adulta.

La consecuencias de la obesidad, más allá de constituir un factor de riesgo para determinados cánceres, son muchas: diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, problemas articulares, apnea del sueño…

Por tanto, la prevención de la obesidad  es una estrategia prioritaria de salud pública que debe comenzar desde la infancia. Una intervención precoz determina más y mejores resultados.

Prevenir y tratar la obesidad y el sobrepeso

La educación  de  los hábitos nutricionales debe iniciarse ya en la etapa preescolar y escolar, cuando se crean los hábitos  sociales, familiares y ambientales y se adquieren las costumbres dentro de la propia cultura.

Las pautas son:

  • Establecer un horario regular de comidas, concediendo especial importancia al desayuno.
  • Las comidas serán equilibradas en calidad y en cantidad.
  • Evitar alimentos que aportan ”calorías vacías” (muchas calorías y cero nutrientes como golosinas, bollería…) y limitar los azúcares y las grasas saturadas.
  • Promocionar la actividad física: práctica regular de algún deporte, actividades de ocio físicas, ayudar en las tareas domésticas…
  • Limitar el tiempo dedicado a la televisión y al uso (o abuso) de las nuevas tecnologías (play, tabletas, ordenador, móvil…).
  • Favorecer mensajes positivos mejorando la autoestima.

El tratamiento en la infancia se basa en la modificación de  los “estilos de vida” para incorporar hábitos saludables. A diferencia del adulto, el objetivo no es la pérdida de peso sino evitar la ganancia ponderal, puesto que los niños están creciendo. Requiere de una gran implicación por parte de todos los miembros de la familia.

De igual manera, el adulto que presenta sobrepeso u obesidad, también deberá aprender a alimentarse y adquirir “estilos de vida saludable”.

El cambio de hábitos es la clave:

  • Determinar horarios regulares para las comidas, comer de forma consciente y pausada, preparar platos atractivos pero saludables.
  • Limitar la ingesta de grasas saturadas y azúcares.
  • Aumentar el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos.
  • No realizar dietas estrictas ni milagro.
  • Realizar ejercicio físico regular y moderado.

 


 

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